168/365 · Conflicto: mediación adaptada a primaria

Descubre cómo la mediación adaptada a primaria resuelve conflictos escolares. Estrategias de justicia restaurativa para educación temprana.

Cuando el conflicto se ataja antes de que se rompa por dentro

Hay un instituto en mi ciudad, el Sánchez Cantón, que lleva tiempo haciendo algo que a mí me parece de una lógica aplastante y que sin embargo casi nadie hace: han montado un equipo de mediación donde participan alumnado y profesorado juntos, no como un cartel en el tablón de anuncios que nadie mira, sino como una estructura real que detecta los roces antes de que se conviertan en el problema gordo que acaba en jefatura de estudios con dos familias enfadadas y un expediente abierto. Lo interesante — y esto es lo que más me llamó la atención cuando leí sobre ello — es que no funciona porque tengan un protocolo bonito en un PDF, funciona porque la dirección y la inspección educativa están detrás, dándole cobertura real. Porque esto es algo que en la enseñanza sabemos todos y que casi nunca decimos en voz alta: si el equipo directivo no se lo cree, cualquier iniciativa de convivencia se queda en papel mojado. Puedes tener el mejor protocolo de mediación del mundo, que si arriba no hay complicidad, se disuelve en la primera reunión de claustro donde alguien diga aquello de "esto nos quita tiempo de dar temario".

La huella digital y el móvil como campo de batalla nuevo

El propio Sánchez Cantón, junto con el CIFP A Xunqueira y el Sagrado Corazón de Placeres, participan en un proyecto de iniciación segura a la huella digital y las redes sociales para Secundaria y FP básica. Y aquí me detengo un momento porque esto conecta con algo que me contó una compañera, en gallego, con esa expresión que se te queda grabada: "Cando traen o móbil problemas hai, pero pouco a pouco vaise mellorando". Y creo que resume perfectamente la realidad de cualquier centro que trabaje esto en serio: no hay solución mágica, no hay charla de una hora que arregle el problema del móvil y las redes, hay un trabajo lento, sostenido, de ir mejorando poco a poco, con recaídas, con casos que vuelven a aparecer. La mediación entre iguales no es una vacuna, es más bien un músculo que hay que entrenar constantemente. Y en Secundaria el conflicto ya viene con capas nuevas — el grupo de WhatsApp, la captura de pantalla, el comentario que se hace viral en el patio antes de que el profesor se entere — que en primaria todavía no tenemos con esa intensidad, pero que se están gestando ya, aunque no lo parezca.

Bajando a primaria: prácticas restaurativas con siete y ocho años

Porque claro, yo doy clase en primaria, y el conflicto en mi aula no tiene móviles de por medio (por suerte), pero tiene la misma raíz: dos niños que no se ponen de acuerdo en un juego, uno que se siente excluido, otro que dice algo hiriente sin medir del todo lo que dice. Y llevamos un curso, empezando con prácticas restaurativas en mi centro, que básicamente consisten en cambiar la pregunta de "¿quién tiene la culpa?" por "¿qué ha pasado, cómo se ha sentido cada uno, y qué necesitamos hacer para reparar esto?". Parece un matiz pequeño pero cambia completamente la dinámica del aula, porque deja de ser un juicio con sentencia y pasa a ser una conversación donde el niño que ha hecho daño tiene que ponerse en el lugar del otro, y eso — aunque suene sencillo — con ocho años cuesta un mundo.

Esto tiene mucho que ver con lo que Vygotsky planteaba sobre la zona de desarrollo próximo: un niño de tercero no sabe gestionar un conflicto solo, pero con la mediación de un adulto o incluso de otro compañero más hábil socialmente, va aprendiendo el mecanismo, y poco a poco lo interioriza. Y también conecta con la teoría de la autodeterminación de Deci y Ryan — esas tres necesidades de autonomía, competencia y relación que llevo citando en esta serie más de una vez —, porque un niño que participa en resolver su propio conflicto, en lugar de recibir la sentencia de un adulto desde arriba, siente que tiene algo de control sobre lo que le pasa. Y eso, en mi experiencia, cambia por completo cómo se lo toma.

Los partidos, los roles, y la evaluación entre pares

Y aquí es donde meto la cuchara con algo que llevo trabajando en liga.edumind.es, que es una de las herramientas de EDUmind que más satisfacción me está dando últimamente. Está montada con dinámicas de roles inspiradas en el modelo de educación deportiva — ese enfoque donde el alumnado no solo juega, sino que asume papeles distintos en cada partido: árbitro, capitán, estadístico, entrenador — y cada rol lleva asociada una responsabilidad concreta hacia el grupo. Lo que me interesa de esto, aplicado a la convivencia, es que el niño que hace de árbitro en un partido tiene que aplicar reglas de forma imparcial, y eso — sin que se lo planteemos como una lección de mediación de conflictos, porque a esa edad si se lo dices así con esas palabras se les cierra el cajón — es exactamente eso: aprender a mirar una situación desde fuera, sin bando, y decidir qué es justo. Y la evaluación por pares que se hace después de cada partido funciona parecido: el compañero valora al compañero, con criterios claros, y eso obliga a construir un argumento en lugar de simplemente decir "lo hizo mal" o "lo hizo bien". Hattie ha documentado durante años que el feedback entre iguales, bien estructurado, tiene un efecto notable sobre el aprendizaje — y yo añadiría que también sobre la convivencia, aunque esto último lo digo más por lo que veo en mi aula que por ninguna cifra concreta.

No sé si esto se puede replicar igual en todos los centros, ni si lo que funciona con alumnos de tercero o sexto funcionaría con un grupo de trece años que ya se manda memes por WhatsApp durante el recreo. Pero algo tienen en común el Sánchez Cantón, mi aula, y ese "pouco a pouco vaise mellorando": el conflicto no se ataja con un cartel ni con una charla puntual, se ataja construyendo, día tras día, la costumbre de mirar al otro antes de juzgarlo.