151/365 · IA para crear 'versiones' de una misma explicación
Descubre cómo usar IA para crear múltiples versiones de explicaciones adaptadas a diferentes estilos de aprendizaje. Aplica DUA en tu docencia.
Sin duda, una de las mejores funciones que he logrado extraer de estas experiencias con la IA es lograr diferentes niveles de acceso a la información con explicaciones para diferentes formas de entender los contenidos, con formas visuales, escritas, vídeos... con la IA. Y esto no es un capricho ni una moda — es responder de verdad a lo que la gente que se dedica en cuerpo y alma a la inclusión, lleva décadas diciéndonos con sus propias propuestas o mismo con el DUA: las múltiples formas de representación no son un lujo, es una necesidad.
Y antes de aparecer la ia para el populacho como nosotros, crear versiones múltiples de una misma explicación era prácticamente inviable. Porque significaba escribir el mismo contenido tres o cuatro veces, con diferentes niveles de complejidad lingüística, con diferentes formatos, con diferentes ejemplos... ¿Quién tiene tiempo para eso o capacidad real diaria? Nadie o casi nadie. Entonces, acabábamos haciendo una explicación (la que nos salía más natural a nosotros) y cruzando los dedos para que la mayoría la pillara. Y los que no la pillaban... pues mala suerte, o adaptación improvisada sobre la marcha.
Pero ahora, con IA, crear versiones múltiples de una misma explicación no solo es posible, es rápido.
Qué significa 'versiones' de una explicación
Cuando hablo de versiones, no me refiero a repetir lo mismo con palabras ligeramente distintas. Me refiero a transformar el MISMO contenido en formatos, niveles de complejidad, y enfoques diferentes, manteniendo el objetivo de aprendizaje constante. Es la misma información, pero presentada de formas que activan distintos procesos cognitivos y se ajustan a distintas necesidades.
Por ejemplo, si tengo que explicar qué es la fotosíntesis, puedo crear: una versión textual con vocabulario más "técnico" para quien lee bien y procesa información escrita sin problema; una versión textual simplificada con frases cortas, vocabulario básico, y ejemplos cotidianos para quien tiene dificultades lectoras; una versión visual con diagramas, flechas, colores que muestran el proceso paso a paso para quien procesa mejor de forma gráfica; una versión narrativa que cuenta la fotosíntesis como si fuera una historia para quien necesita contexto emocional para enganchar; una versión en formato pregunta-respuesta para quien aprende mejor de forma dialogada.
Cinco versiones. Mismo contenido. Diferentes puertas de entrada. Y todas válidas. Porque no hay una forma "correcta" de procesar información — hay formas distintas, y todas son legítimas.
Versiones por nivel de complejidad lingüística
Este es el tipo de versión más obvio, pero también el más útil. Porque en una misma aula de tercero de primaria (que es donde yo estoy), tienes alumnado con niveles lectores que van desde segundo hasta quinto. Y si escribes una explicación pensando en el nivel medio, los que están por debajo no la entienden y los que están por encima se aburren.
Entonces, lo que hago es crear tres versiones lingüísticas de cada explicación importante:
- BÁSICA (frases cortas, vocabulario simple, una idea por frase, muchos ejemplos concretos)
- ESTÁNDAR (frases de longitud media, vocabulario técnico pero explicado, algunas ideas complejas pero andamiadas)
- AVANZADA (frases más largas, vocabulario técnico sin definir, conexiones entre ideas, menos ejemplos y más abstracción).
Y aquí viene lo importante: las tres versiones están DISPONIBLES para todos. No es que tú decides "este alumno lee la básica y este la avanzada". Es que están las tres ahí, y cada alumno puede elegir (o tú puedes sugerir, pero sin imponer). Porque a veces un alumno que normalmente lee bien ese día está cansado y prefiere la básica. O un alumno que normalmente necesita la básica ese día está especialmente concentrado y quiere probar la estándar. La flexibilidad es clave.
Versiones por formato de representación
Aquí es donde la IA se vuelve realmente potente. Porque no solo puede reescribir texto en diferentes niveles — puede transformar contenido en formatos completamente distintos. Y cada formato activa procesos cognitivos diferentes.
Por ejemplo, puedo coger un texto explicativo sobre las capas de la atmósfera y pedirle a la IA que genere: un diagrama etiquetado (visual espacial), una tabla comparativa (visual organizado por categorías), un mapa conceptual (visual relacional), un guion para explicación oral (auditivo-verbal), un conjunto de flashcards con preguntas y respuestas (recuperación activa), un código HTML interactivo donde clicas en cada capa y se despliega la información (manipulativo-digital).
Y cada uno de esos formatos sirve a distintos tipos de procesamiento. El diagrama ayuda a quien necesita ver la estructura espacial. La tabla ayuda a quien necesita comparar características. El mapa conceptual ayuda a quien necesita ver relaciones. El guion oral ayuda a quien procesa mejor escuchando. Las flashcards ayudan a quien aprende mejor con recuperación activa. El interactivo ayuda a quien necesita manipular para entender.
Y lo más importante: puedes tener TODOS esos formatos disponibles a la vez, en el mismo recurso, para que cada alumno elija el que le funciona mejor. Eso antes era inviable. Ahora es cuestión de una tarde de trabajo.
Cómo la IA acelera la creación de versiones
Vale, todo esto suena bien, pero ¿cómo lo haces sin morir en el intento? Porque crear cinco versiones de cada explicación a mano es inviable. Y aquí es donde la IA marca la diferencia brutal.
Mi flujo de trabajo es este: primero, escribo (o tengo) la versión base de la explicación. Esa la hago yo, con mi criterio pedagógico, con los matices que sé que son importantes, con la estructura que quiero. Luego, le doy esa versión a la IA y le pido que genere las otras versiones: "Crea una versión BÁSICA con vocabulario simple y frases cortas", "Crea una versión AVANZADA con vocabulario técnico y conexiones conceptuales", "Transforma esto en un diagrama etiquetado", "Transforma esto en un guion para explicación oral", "Crea tres versiones con ejemplos de cocina, deporte y videojuegos". O incluso le planteo que partiendo del texto facilitado cree 3 versiones de acceso a la información.
La IA genera. Yo reviso. Y aquí está la clave: SIEMPRE reviso. Porque la IA a veces simplifica demasiado y pierde matices importantes. A veces usa ejemplos que no encajan con el contexto de mi alumnado. A veces el diagrama está mal etiquetado o la tabla tiene categorías confusas. Pero el 80% del trabajo está hecho. Y yo solo tengo que ajustar ese 20% con mi criterio profesional.
Y eso, que antes me llevaba horas (si es que lo hacía), ahora me lleva veinte minutos. Y el resultado es que TODOS mis alumnos tienen acceso al contenido en el formato que mejor les funciona. No solo los que procesan bien texto escrito en nivel estándar.
Versiones que escalan
Una última cosa: cuando creas versiones múltiples de tus explicaciones en formato digital (HTML, Markdown, lo que sea), puedes compartirlas fácilmente. Y eso beneficia no solo a tu alumnado, sino a otros docentes que también tienen diversidad en sus aulas.
Yo subo muchos de estos recursos con versiones múltiples a edumind.es/recursos. Y cada recurso tiene las versiones integradas: un selector al principio que dice "Elige cómo quieres leer esto: Básico / Estándar / Avanzado", o "Elige el formato: Texto / Diagrama / Mapa conceptual / Interactivo". Y cada usuario (alumno, docente, familia) puede elegir la que mejor le funciona.
Eso es diseño universal o al menos lo intenta. No adaptar después para quien lo necesita, sino diseñar desde el principio para que todos puedan acceder. Y la IA, bien usada, hace que eso sea viable sin reventar. Porque antes, crear todo eso era heroico. Ahora, es sostenible. Y lo sostenible es lo que se convierte en práctica habitual, no en excepción ocasional.
Al final, la IA para crear versiones de una misma explicación no sustituye tu criterio pedagógico — lo amplifica. Tú sigues decidiendo qué explicar, cómo estructurarlo, qué matices son importantes. Pero la IA te libera del trabajo mecánico de reescribir, reformatear, adaptar. Y ese tiempo liberado lo puedes dedicar a lo que de verdad importa: observar cómo tu alumnado procesa la información, ajustar sobre la marcha, acompañar donde hace falta. Que es lo que deberíamos estar haciendo siempre.
Nos vemos mañana.