147/365 · Publicar en abierto: miedo y beneficios
Descubre por qué publicar en abierto tus contenidos educativos es beneficioso. Analiza los miedos legítimos y las ventajas de compartir conocimiento abiertament
Cuando hice el artículo que publiqué en pre-print en Zenodo en abierto, así como los contenidos que he creado hasta el momento, pensaba en qué camino seguir: abrir o cerrar. Es decir, si iban a ser para cualquiera que pasara por allí o directamente habría que pasar un filtro para entrar en el conocimiento. Y esa duda no es tonta — es una duda legítima que creo que todos los docentes nos hacemos en algún momento cuando creamos algo que consideramos valioso.
Me viene siempre una frase que leí subiendo las escaleras un día que fui a una prueba de inglés en el CAFI en Santiago (Centro Autonómico de Formación e Innovación): el conocimiento no compartido es conocimiento perdido (o algo así recuerdo). Venía a decir que aquello que conoces y sabes, si no lo compartes, ¿para qué sirve? Y esa frase se me quedó grabada. Porque en el fondo plantea una pregunta incómoda: ¿estamos en educación para acumular conocimiento privado o para expandir conocimiento compartido?
El miedo a publicar en abierto (y por qué es real)
Vamos a ser honestos: publicar en abierto da miedo. Y no es un miedo irracional ni infantil — es un miedo con fundamento. Miedo a que te copien sin reconocimiento. Miedo a que usen tu trabajo de formas que no apruebas. Miedo a que alguien lo critique públicamente. Miedo a que no sea lo suficientemente bueno y quedas en evidencia. Miedo a que empresas se apropien de tu contenido para venderlo. Miedo a que expones tus limitaciones (porque nadie sabe todo, y cuando publicas en abierto, eso se ve). Y todos esos miedos son válidos, porque alguien puede coger tu recurso y usarlo sin mencionarte, alguien puede criticarlo (con razón o sin ella). O también, una empresa puede coger tu contenido abierto, empaquetarlo con diseño bonito, y venderlo. Todo eso puede pasar y por desgracia, pasa.
Pero aquí está la cuestión: ¿ese riesgo pesa más que el beneficio de que miles de docentes puedan usar, adaptar, mejorar lo que has creado? ¿Pesa más que la posibilidad de que un alumno en un pueblo remoto acceda a un recurso que sin estar en abierto nunca hubiera llegado a él? ¿Pesa más que construir conocimiento colectivo en lugar de silos privados?
El conocimiento cerrado no te protege
Hay gente que piensa que cerrar el conocimiento (poner contraseñas, restringir acceso, vender en lugar de regalar) te protege. Te protege de que te copien, de que te roben, de que te usen mal. Pero lo que realmente hace es aislarte. Porque cuando cierras el conocimiento, también cierras la posibilidad de que otros lo mejoren, lo adapten, lo corrijan, lo expandan.
Yo publico todos mis recursos en edumind.es/recursos con licencias abiertas (Creative Commons, código abierto). ¿Alguien ha cogido mis recursos y los ha usado sin mencionarme? Seguro. ¿Me molesta? Menos de lo que pensaba. Porque al final, si ese recurso ha llegado a un alumno que lo necesitaba, ha cumplido su función. Y si alguien lo ha mejorado (aunque no me lo haya dicho), el conocimiento colectivo ha crecido. Y eso, en educación pública, debería ser el objetivo.
Además, el conocimiento cerrado pierde relevancia rápido. Porque si solo tú lo tienes, solo tú lo usas, solo tú lo actualizas... y cuando te cansas, se queda obsoleto. En cambio, el conocimiento abierto tiene vida propia. Otros lo usan, lo adaptan, detectan errores, proponen mejoras. Y aunque tú dejes de trabajar en ello, sigue vivo. Esa es la diferencia entre crear un producto y sembrar una semilla.
Zenodo, pre-prints y la dignidad académica del docente de aula
Cuando publiqué mi artículo en Zenodo como pre-print, fue una declaración de intenciones. Podría haberlo mandado a una revista académica tradicional, esperar meses (o años) a que lo revisaran, y si lo aceptaban, que quedara detrás de un paywall que solo quien paga puede leer. Pero eso me parecía contradictorio con lo que defiendo: que el conocimiento educativo debe ser accesible.
Zenodo es un repositorio abierto, gratuito, con DOI (identificador digital de objeto), que te da la misma legitimidad académica que una revista tradicional pero sin las barreras de acceso. Y eso es importante, porque los docentes de aula también generamos conocimiento valioso — no solo los investigadores universitarios. Y ese conocimiento merece ser citado, reconocido, y accesible.
Publicar en abierto en plataformas como Zenodo, ResearchGate, o incluso en tu propio blog con licencia abierta, es reivindicar que el conocimiento práctico del aula tiene el mismo valor que el conocimiento teórico de la academia. Y que no debería estar escondido en cajones, en discos duros, o en plataformas privadas que caducan cuando dejas de pagar.
Creative Commons: tú decides cómo se comparte
Una de las cosas que más me gusta de las licencias Creative Commons es que te permiten controlar CÓMO se comparte tu trabajo sin cerrarlo del todo. Puedes decir "esto es libre, pero tienes que mencionarme" (CC BY). O "esto es libre, pero no puedes venderlo" (CC BY-NC). O "esto es libre, pero si lo modificas, tienes que compartir la versión modificada con la misma licencia" (CC BY-SA, que es la que uso yo mayoritariamente).
Eso te protege de algunas de las cosas que más miedo dan. Por ejemplo, con una CC BY-NC-SA, nadie puede coger tu recurso, meterlo en una plataforma de pago, y forrarse con él. Legalmente no puede. Y si alguien lo modifica y mejora, tiene que compartir esa versión mejorada también en abierto. O sea, el conocimiento crece, pero no se privatiza.
Y sí, sé que hay gente que se salta las licencias. Pero eso pasa también con el conocimiento cerrado (la piratería existe). Al menos con el conocimiento abierto, la mayoría de la gente que lo usa lo hace de forma legítima, con agradecimiento, y expandiendo el impacto de tu trabajo mucho más allá de lo que tú solo podrías conseguir.
El miedo disminuye, el beneficio crece
Al final, publicar en abierto es un acto de confianza. Confianza en que el conocimiento compartido es más valioso que el conocimiento acumulado. Confianza en que la mayoría de la gente usa los recursos con buena fe. Confianza en que los beneficios (alcance, mejora colectiva, impacto real) superan los riesgos (copia sin reconocimiento, crítica, apropiación).
Y lo curioso es que con el tiempo, el miedo disminuye. Las primeras veces que publicas algo en abierto, estás nervioso. ¿Y si está mal? ¿Y si alguien lo critica? ¿Y si no le gusta a nadie? Pero luego ves que la mayoría de la gente agradece, usa, mejora. Y las críticas (cuando las hay) suelen ser constructivas. Y poco a poco, el miedo se transforma en hábito. Y el hábito, en convicción.
Así que sí, publicar en abierto da miedo. Pero también libera. Libera tu conocimiento del cajón donde estaba guardado. Libera a otros docentes de tener que reinventar la rueda. Libera al alumnado de las barreras de acceso. Y te libera a ti de la carga de ser el único guardián de lo que sabes. Porque el conocimiento no compartido, de verdad, es conocimiento perdido.
Nos vemos mañana.