138/365 · Reto opcional: motivación sin presión

Descubre por qué las tareas opcionales generan más motivación que las obligatorias. Reflexión educativa sobre cómo enganchar al alumnado sin presión.

Hay algo curioso que pasa cuando pones delante de alguien una tarea marcada como "opcional" pero que en realidad es interesante: muchas veces se engancha más que con las obligatorias. Lo he vivido recientemente como participante en el curso en Platega para la formación y tutorización en red de docentes en Galicia. Hice una de las tareas complementarias sobre grupos y la cuestión fue que era una de las más divertidas desde el punto de vista lógico (el mío, claro, porque sé que para otros sería un coñazo, no te miento). Pero el caso es que era opcional, nadie me obligaba, y precisamente por eso me apetecía hacerla.

Y ahí está la paradoja: cuando algo es obligatorio, una parte de tu cerebro se resiste por principio. Cuando es opcional pero tiene gancho, esa misma parte se relaja y deja espacio a la curiosidad. No es que la obligatoriedad mate siempre la motivación (ojalá fuera tan simple), pero sí que la presión de "tienes que hacerlo" cambia completamente la experiencia interna de la tarea.

Deci, Ryan y la autonomía que no es postureo

Deci y Ryan llevan décadas demostrando con su teoría de la autodeterminación que sin autonomía real — no autonomía de postureo — la motivación intrínseca no aparece. Las tres necesidades básicas que identifican son autonomía (sentir que tienes control sobre lo que haces), competencia (sentir que puedes hacerlo bien) y relación (sentir que estás conectado con otros). Y el reto opcional trabaja especialmente las dos primeras: yo decido si lo hago o no (autonomía), y si lo hago es porque creo que puedo (competencia) o porque quiero descubrir si puedo.

Pero ojo, porque hay una diferencia enorme entre un reto opcional bien diseñado y un "haz esto si te apetece" sin más. El reto opcional que funciona tiene que ser genuinamente interesante, tiene que estar a un nivel de dificultad que suponga un desafío real (pero alcanzable), y tiene que tener algún tipo de reconocimiento — no necesariamente nota, pero sí visibilidad. Porque si es opcional y además nadie lo valora, el mensaje implícito es "esto no importa", y entonces sí que no lo hace nadie.

Observar cómo responden a cada estímulo

Esto es algo que suelo incluir en mis clases de EF desde hace muchos años: creo retos, propuestas, y veo hasta dónde llegan o quieren llegar. Y es algo que aprendí en psicomotricidad gracias a una gran profesional, Flor Mollinedo (a la que desde aquí envío un gran abrazo), que me enseñó muchas de las claves del aprendizaje motor y cómo a veces la observación es mucho más que ver o mirar para ellos, sino analizar, interpretar y ver cómo responden a cada estímulo cada individuo.

Porque cuando planteas un reto opcional, lo que estás haciendo en realidad es abrir una ventana de observación brutal. Ves quién se lanza sin pensarlo, quién lo intenta después de observar a otros, quién lo descarta de entrada (pero igual vuelve más tarde), quién lo transforma en otra cosa... Y toda esa información te dice muchísimo más sobre cada alumno que cualquier evaluación estándar. Te dice cómo se relaciona con el fracaso, cómo gestiona la incertidumbre, qué tipo de retos le interesan, dónde está su zona de desarrollo próximo real.

Y aquí Vygotsky vuelve a aparecer: la zona de desarrollo próximo es lo que puedes hacer con ayuda hoy y harás solo mañana. Pero para saber dónde está esa zona, tienes que observar — y el reto opcional es una herramienta perfecta para eso, porque al no haber presión de "tienes que conseguirlo", el alumno se muestra más tal como es. No está actuando para cumplir con lo que esperas, está explorando su propio límite.

La diferencia entre reto opcional y tarea extra

Aquí hay que hilar fino, porque no es lo mismo. La tarea extra tradicional es "si terminas antes, haz esto otro" — y normalmente es más de lo mismo o directamente un relleno. El mensaje implícito es "esto es para los rápidos que sobran tiempo", y muchas veces el alumno que termina antes lo que quiere es descansar, no más tarea. Normal.

El reto opcional, en cambio, no está condicionado a terminar antes. Está ahí para todos, en paralelo a la tarea principal, y el mensaje es "esto es interesante, difícil, y no todo el mundo lo va a conseguir — pero si te apetece probarlo, adelante". No es más de lo mismo: es otra cosa. Y esa diferencia es clave. Porque cuando el reto opcional está bien diseñado, no lo hacen solo "los buenos" — lo hacen los que se sienten atraídos por ese tipo concreto de desafío, que puede ser cualquiera.

Sweller nos diría que el reto opcional bien diseñado ajusta la carga cognitiva: si la tarea principal ya te está saturando, no añades el reto (y no pasa nada). Si te sobra capacidad cognitiva, el reto opcional te mantiene en zona de aprendizaje en lugar de en zona de aburrimiento. Y eso sin que el docente tenga que estar gestionando manualmente quién hace qué — es el propio alumno quien regula.

El reconocimiento sin nota

Una de las cosas que más me ha costado aprender (y sigo aprendiendo) es cómo reconocer el esfuerzo en un reto opcional sin que se convierta en moneda de cambio. Porque si haces que el reto opcional sume nota, deja de ser opcional en la práctica — todos lo van a hacer por la nota, no por el reto. Y si no lo reconoces de ninguna forma, el mensaje es que no importa.

Yo lo que hago (y esto es muy personal, cada uno tiene que encontrar su forma) es visibilidad: si alguien supera un reto opcional, lo compartimos con el grupo, lo celebramos, y a veces incluso se convierte en referente para otros. No es "mira qué bien lo ha hecho fulanito", es "mirad qué estrategia ha usado, qué interesante esto que ha descubierto". El reconocimiento está en que tu logro aporta al grupo, no en que tú eres mejor que otros.

Y aquí Carol Dweck entraría con su mentalidad de crecimiento: elogiar el esfuerzo y el proceso, no la capacidad innata. Cuando reconoces un reto opcional, no estás diciendo "eres muy listo", estás diciendo "has trabajado duro en esto, has probado estrategias diferentes, has persistido". Y eso es un mensaje completamente distinto.

¿Y si nadie lo hace?

Esto me ha pasado alguna vez, no te voy a mentir. Planteas un reto opcional que a ti te parece interesante y resulta que a nadie le engancha. Y al principio te mosqueas un poco (¿cómo que no? ¡si está guay!), pero luego te das cuenta de que eso también es información. Información sobre qué tipo de retos le interesan a ese grupo en ese momento, sobre el nivel de dificultad que perciben, sobre la confianza que tienen en sus capacidades.

Y a veces la solución es ajustar el reto, hacerlo más visible, explicarlo mejor. Pero otras veces la solución es dejarlo estar y probar con otro tipo de propuesta. Porque el reto opcional no es para el ego del docente — es para el aprendizaje del alumno. Y si no funciona, no funciona. No pasa nada.

Al final, el reto opcional es una forma de devolver agencia al alumno: tú decides si te metes, tú decides hasta dónde llegas, tú decides si lo intentas de nuevo o si lo dejas. Y esa capacidad de decisión, en un sistema educativo donde casi todo está pautado y obligado, es un regalo. Un regalo que además enseña a autoconocerse, a gestionar la frustración, a celebrar el logro propio sin compararse con otros. Y eso, aunque no esté en el currículum oficial, es de lo más importante que podemos enseñar.

Nos vemos mañana.