100/365 · Post 100: escribir cada día

Reflexión sobre 100 días escribiendo diariamente. Descubre cómo la escritura ha transformado mi práctica docente de formas inesperadas y qué he aprendido en el

El día 26 de diciembre empezaba a escribir el primer post de la serie de 365 que aparecerían a partir del 1 de enero del 2026. Y ya hace 100 días que empecé esto, lo hice sin tener muy claro si iba a llegar hasta aquí, pero de momento, aquí estoy. Porque una cosa es proponerse escribir todos los días, y otra muy distinta es hacerlo de verdad. Con la carga de trabajo que tenemos los docentes, con las clases, con las familias, con la evaluación, con las reuniones, con la vida fuera del cole… parecía casi imposible. Pero aquí estoy. Post 100. Y no voy a mentir: algunos días he escrito con ganas, otros días he escrito por pura inercia, y ha habido días en los que he pensado "¿para qué estoy haciendo esto?"

Pero algo ha cambiado. No sé si soy mejor docente que hace 100 días (ojalá, pero no lo sé). No sé si mi alumnado aprende más (eso es más difícil de medir de lo que parece). Pero sí sé que pienso diferente. Que miro mi práctica de otra forma. Y que escribir cada día me ha obligado a hacer algo que, como docentes, decimos que es importante pero que rara vez hacemos de verdad: reflexionar. No reflexionar de forma espontánea, tipo "hoy la clase ha ido mal, mañana lo haré mejor". Sino reflexionar de forma sistemática, sostenida, con registro. Y eso, aunque no lo parezca, cambia las cosas.

Escribir no es solo contar lo que haces (es pensar sobre lo que haces)

Una de las primeras cosas que me di cuenta al empezar esta serie es que escribir cada día no es lo mismo que escribir de vez en cuando. Porque escribir con regularidad, incluso de forma no estructurada como en un diario, estimula la creatividad al conectar pensamientos de maneras novedosas. Y esto lo he notado. Al principio, cada post era un mundo. Tenía que buscar el tema, pensar qué quería decir, estructurarlo, escribirlo. Y me costaba. Pero con el tiempo, algo cambió. Los temas empezaron a aparecer solos. Las conexiones entre ideas se hacían de forma más natural. Y la escritura dejó de ser un esfuerzo consciente para convertirse en un hábito.

Y eso tiene que ver con algo que la investigación sobre práctica reflexiva docente ha estudiado mucho: los métodos de Práctica Reflexiva sistemática son una opción normativa efectiva al comprobarse cómo logra impactar en la práctica del docente. Porque no es lo mismo pensar sobre tu práctica de vez en cuando, cuando te va mal algo, que hacerlo de forma regular, con un método, con un registro. Y escribir cada día me ha obligado a eso. A mirar lo que hago en el aula con otros ojos. A preguntarme por qué hago lo que hago. A cuestionar cosas que daba por sentadas. Y eso, aunque es incómodo (porque cuestionar tu propia práctica siempre lo es), es necesario.

La escritura como herramienta de pensamiento (no solo de comunicación)

Antes de empezar esta serie, yo escribía para comunicar. Para explicar cosas. Para compartir recursos. Pero escribir cada día me ha hecho entender que la escritura no es solo comunicación. Es pensamiento. Numerosos estudios coinciden en que la escritura manual activa múltiples regiones cerebrales, mejorando la retención de información y la concentración. Y aunque yo escribo en digital (porque si escribiera a mano 1500 palabras al día probablemente acabaría con tendinitis), el proceso sigue siendo el mismo: escribir te obliga a ordenar el pensamiento, a darle forma, a convertir intuiciones vagas en ideas concretas.

Y esto me ha pasado constantemente. Empiezo un post con una idea difusa ("quiero escribir sobre evaluación"), y al escribir, esa idea se va concretando, se van conectando cosas que antes no tenía conectadas, y al final del post entiendo algo que al principio no entendía. Y eso no pasa cuando solo piensas. Pasa cuando escribes. Porque la escritura te obliga a ser preciso, a explicarte, a argumentar. Y en ese proceso, aprendes.

Y aquí está una de las claves de la práctica reflexiva: los resultados revelan una asociación entre una práctica docente reflexiva, donde el profesorado incorpora en su labor elementos y prácticas asociadas a un nivel de reflexión crítica, y su participación en proyectos de innovación educativa. Porque cuando reflexionas de verdad sobre tu práctica, no te quedas en lo superficial. Empiezas a cuestionar, a innovar, a probar cosas nuevas. Y estos 100 días han sido eso: un laboratorio constante de ideas, de conexiones, de cuestionamientos.

Lo que he aprendido escribiendo sobre lo que hago

Si me preguntas qué ha cambiado en estos 100 días, no te voy a dar una lista de conclusiones brillantes. Porque no las tengo. Pero sí puedo decirte algunas cosas que he descubierto (o redescubierto) escribiendo cada día:

Primero: Que tengo más dudas que certezas. Y que eso está bien. Antes de empezar esta serie, cuando hablaba de educación, solía hacerlo desde la certeza. "Esto funciona", "esto no funciona", "hay que hacer esto". Pero escribir cada día me ha obligado a matizar. A reconocer que lo que funciona en un contexto puede no funcionar en otro. Que lo que me funciona a mí puede no funcionarle a otro compañero. Y que la educación es mucho más compleja de lo que a veces queremos creer.

Segundo: Que la tecnología es una herramienta, no una solución. He escrito mucho sobre IA, sobre herramientas digitales, sobre apps y plataformas. Y cuanto más escribo sobre ello, más claro lo tengo: la tecnología solo tiene sentido si responde a una necesidad pedagógica real. Si no, es ruido. Y escribir sobre esto me ha ayudado a tomar decisiones más conscientes sobre qué herramientas uso, cuándo las uso, y para qué las uso.

Tercero: Que la evaluación no es lo que creía. Antes pensaba que evaluar era recoger información. Y punto. Pero escribir sobre evaluación me ha hecho entender que evaluar es tomar decisiones. Que la información solo sirve si la conviertes en acción. Y que evaluar cada día no significa ahogar al alumnado (ni ahogarte tú), sino tener criterio sobre qué observar, cuándo, y qué hacer con eso.

Cuarto: Que las rutinas no son rigidez. Son seguridad. He escrito sobre esto hace poco, y ha sido uno de los posts que más me ha costado. Porque yo siempre he tenido cierta resistencia a las rutinas. Pensaba que eran aburridas, que limitaban la creatividad. Pero escribir sobre ellas me ha hecho entender que las rutinas no son lo que haces, sino el marco desde el que lo haces. Y que ese marco te da libertad, no te la quita.

Y quinto: Que la reflexión no es opcional. Es el núcleo de la profesión docente. Porque esta acción reflexiva y crítica es fundamental para el desarrollo profesional y para lograr un aprendizaje permanente en la propia profesión, a través de sus intervenciones docentes. Y escribir cada día ha sido mi forma de hacer esa reflexión. No perfecta, no siempre profunda, pero constante. Y esa constancia es lo que marca la diferencia.

Lo que no ha cambiado (y me alegro)

Pero también hay cosas que no han cambiado. Y me alegro de que no hayan cambiado. Porque hay cosas que no deberían cambiar. Mi convicción de que la educación es, ante todo, una cuestión de personas. De relaciones. De confianza. Eso no ha cambiado. Mi creencia de que la tecnología tiene que estar al servicio del aprendizaje, no al revés. Eso tampoco ha cambiado. Mi compromiso con la inclusión, con el DUA, con pensar el aula desde todas las personas que la habitan, no solo desde las que se adaptan fácilmente. Eso sigue igual. Y mi escepticismo hacia las modas educativas, hacia los gurús, hacia las soluciones mágicas. Eso también sigue ahí. Si acaso, escribir cada día lo ha reforzado.

¿Ha merecido la pena?

Hace 100 días no sabía si esto iba a servir para algo. Y ahora, 100 días después, tampoco lo sé. No sé si alguien ha leído estos posts y ha cambiado algo en su práctica. No sé si he ayudado a alguien. No sé si esto ha tenido algún impacto más allá de mí mismo. Pero sí sé que a mí me ha servido. Y mucho. Porque la reflexión, la investigación y la creación de conocimientos y nuevas prácticas pedagógicas deberían ser parte integrante de la enseñanza, como dice el informe de la UNESCO "Reimaginar Juntos los futuros". Y escribir cada día ha sido mi forma de hacer eso.

Y sí, ha habido días duros. Días en los que he escrito por pura obligación, sin ganas, sin inspiración. Días en los que he pensado "esto no lo va a leer nadie" o "esto no tiene ningún sentido". Pero también ha habido días en los que escribir me ha ayudado a entender algo que no entendía. Días en los que he conectado ideas que llevaba meses dando vueltas. Días en los que he descubierto, escribiendo, algo sobre mi propia práctica que no había visto antes. Y esos días hacen que merezca la pena.

Los próximos 265 días

Quedan 265 días para completar el año. Y no sé si voy a llegar. No sé si voy a tener tiempo, energía, ideas. Pero voy a intentarlo. Porque estos 100 días me han enseñado que escribir cada día no es solo una forma de compartir lo que hago. Es una forma de entender lo que hago. Y eso, para mí, es razón suficiente para seguir.

Así que aquí sigo. Post 100. Con más dudas que certezas. Con más preguntas que respuestas. Pero con la convicción de que reflexionar sobre la práctica, de forma sistemática y sostenida, es una de las herramientas más potentes que tenemos los docentes para seguir aprendiendo. Porque al final, como dice Perrenoud, esta metodología permite solucionar con éxito situaciones prácticas, favorece aprender de la propia práctica, promueve la construcción individual o grupal de propuestas para la mejora de la intervención docente mediante la reflexión metodológica. Y eso es exactamente lo que ha pasado estos 100 días.

Gracias por estos 100 días. Por leer, por estar ahí, por acompañar este proceso que empezó como un experimento y se ha convertido en algo mucho más grande de lo que esperaba. Nos vemos en el post 101.

PD: lógicamente, en estos 100 días habrás comprobado que hay espacio para muchos temas, temas escogidos por mí y donde doy un guión muy extenso a la ia, que es la que da forma al contenido y luego reviso. Como sabes, para mi la sinceridad es lo primero en este proyecto, y no sería capaz de hacer todo lo que hago y escribir tantos artículos diariamente... pero la verdad, este es nuestro proyecto :)