170/365 · Llevamos años colgando caritas en la pared y llamándolo educación emocional

Los pósters de emociones no regulan a nadie. La educación emocional real enseña al niño a reconocer qué siente y decidir. Así se construye de verdad.



Despues de unos días (semanas) de descanso, es momento de reactivar. Está claro que a publicación por día no llegaré, pero lo importante es que el recorrido de las 365 publis, se hará ;)

¿Me acompañas en este último tramo?

Vamos allá...

Llevo unos cuantos días dándole vueltas al mismo asunto desde ángulos distintos: normas que sean pocas, claras y vivas; convivencia que se interviene antes de que reviente y no cuando ya hay sangre en el patio; mediación entre iguales adaptada a lo que un niño de ocho años puede hacer de verdad; y ayer, el juego, que es el terreno donde todo eso se pone a prueba sin que nadie lo esté evaluando. Y si has ido leyendo, habrás notado que hay una pieza que no he tocado y que está debajo de todas las demás — como el cimiento que no se ve pero que sostiene la casa entera. Porque un niño no cumple una norma porque la norma sea buena. La cumple porque en ese momento concreto es capaz de parar, reconocer lo que le está pasando por dentro y decidir. Y esa capacidad no viene de serie. Se enseña o no se enseña, que es lo que pasa la mayoría de las veces.

El póster de las emociones no ha regulado a nadie jamás

Voy a empezar por lo incómodo, que para eso este es mi espacio. La educación emocional en España se ha convertido, en demasiados centros, en un póster. Un póster bonito, laminado, con veinte caritas amarillas y sus etiquetas debajo: alegría, tristeza, miedo, asco, sorpresa, ira. O lo que es peor, el clásico RULER de 4 colores en un cuadrado, puesto en medio de la corchera y no saben ni para qué sirve. Está colgado en la pared desde octubre, nadie lo mira desde noviembre, y en la memoria del curso figura como "trabajo de la competencia emocional". Y luego está la sesión de tutoría del viernes a última hora, cuando ya nadie puede más, en la que se pone un corto de Pixar, se pregunta "¿y vosotros cómo os habéis sentido?", tres niños dicen lo que saben que el maestro quiere oír, y a otra cosa.

Seamos honestos: eso no es educación emocional. Eso es decoración emocional. Y el problema no es que sea inútil (que lo es), sino que genera la sensación de que ya está hecho, y entonces nadie se plantea hacerlo bien. Es exactamente el mismo mecanismo que con las normas: si ya tienes el cartel de las normas de clase, ¿para qué vas a revisarlas? Pues aquí igual. El póster tapa el hueco.

Y ojo, que no estoy diciendo que nombrar las emociones no sirva. Sirve, y mucho — hay bastante evidencia de que poner palabras a lo que sientes baja la intensidad de lo que sientes. Lo que digo es que nombrar es el primer escalón de cinco, y llevamos dos décadas subiendo el primero una y otra vez, muy orgullosos, sin llegar nunca al segundo.

RULER: cinco verbos que sí son una metodología

Aquí es donde a mí me cambió el chip encontrarme con RULER, que es el programa que salió del Centro de Inteligencia Emocional de Yale, con Marc Brackett a la cabeza. Y me gustó por una razón muy concreta: no es un catálogo de dinámicas simpáticas, es una secuencia de verbos. Reconocer, comprender, etiquetar, expresar y regular. En ese orden. Y cada verbo es una habilidad distinta, que se entrena por separado y que un niño puede tener desarrollada en un nivel y hecha un desastre en el siguiente.

Reconocer es darte cuenta de que algo está pasando — en tu cuerpo, en tu cara, en la cara del otro. Comprender es entender de dónde viene y hacia dónde va: qué lo ha provocado, qué consecuencias tiene. Etiquetar es afinar el vocabulario, y aquí está el quid de la cuestión, porque un niño que solo tiene "bien", "mal" y "normal" está viviendo su vida interior en blanco y negro. Expresar es saber mostrarlo de una manera que encaje en el contexto (no se expresa igual la rabia en el patio que en casa de la abuela, y eso también se aprende). Y regular, que es el más difícil de todos y el que casi nadie trabaja de verdad, es tener estrategias para hacer algo con eso que sientes sin que te arrastre.

Lo interesante de RULER es que sus herramientas son ridículamente sencillas y se sostienen en el tiempo: el medidor emocional con los dos ejes de energía y agrado — que ya es infinitamente mejor que la lista de caritas, porque obliga a pensar en dos dimensiones y no en una etiqueta cerrada —, el acuerdo de aula que el grupo firma sobre cómo quiere sentirse, y el famoso meta-momento, ese hueco de tres segundos entre lo que te pasa y lo que haces. Nada de esto necesita presupuesto. Necesita constancia, que es mucho más caro.

Bisquerra, que llevaba diciéndolo aquí desde los noventa

Y ahora la parte que me da un poco de vergüenza ajena colectiva: mientras muchos descubríamos programas americanos, aquí Rafael Bisquerra llevaba desde los años noventa construyendo un modelo de educación emocional con los pies en el suelo y con investigación detrás. Sus cinco competencias emocionales — conciencia emocional, regulación emocional, autonomía emocional, competencia social y competencias para la vida y el bienestar — son un mapa curricular perfectamente utilizable en primaria. Y fíjate en la quinta, que es la que casi todo el mundo se salta: competencias para la vida y el bienestar. O sea, que el objetivo final no es que el niño identifique la tristeza en una lámina, es que sepa construirse una vida que merezca la pena. Ahí es nada.

Y de ahí salió el Universo de Emociones, ese mapa visual enorme con las galaxias emocionales, las constelaciones, los agujeros negros. La primera vez que lo vi pensé que era una cosa bonita para colgar (otra vez el póster, sí, ya lo sé). Me equivocaba de medio a medio: es una herramienta de precisión de vocabulario. Cuando un niño ve que dentro de "miedo" hay temor, inquietud, susto, pavor, angustia, desasosiego — y que cada una es un sitio distinto del mapa —, está haciendo algo que se parece muchísimo a lo que hacemos en Lengua cuando trabajamos campos semánticos. Con la diferencia de que aquí el campo semántico es él mismo.

El manual de la autoescuela y la rotonda con lluvia

Déjame que te lo cuente con una comparación, que es como mejor me entiendo yo. Imagina a dos personas que van a sacarse el carné. La primera se estudia el manual entero, se sabe las señales de memoria, borda el test teórico, te recita el orden de prioridad en una glorieta como quien recita los ríos de la vertiente cantábrica. No ha conducido nunca. La segunda ha ido cientos de veces de copiloto con alguien que le iba explicando en voz alta lo que hacía y por qué: "mira, ese va a salirse, frena antes", "ahora está lloviendo, hay que dejar el doble de distancia", "este me acaba de hacer una jugada y me está subiendo la mala leche, respiro y lo dejo pasar". Y luego ha conducido ella, con ese alguien al lado, metiendo la pata y corrigiendo, metiendo la pata y corrigiendo.

Ahora dime: de esas dos personas, ¿quién crees que se comporta mejor un martes por la noche, con lluvia, en una rotonda desconocida y con un coche pegado al culo pitando? Pues eso. La educación emocional que hacemos en muchos coles es el manual de la autoescuela: contenido teórico impecable sobre algo que solo se aprende conduciendo. Y las rotondas de nuestros alumnos son el recreo, la fila, el trabajo en grupo, el examen que les ha salido mal y la amiga que hoy se ha sentado con otra.

Esto va de co-regulación, y de que el que regula primero eres tú

Y aquí conecto con algo que me parece la clave de todo el asunto. Vygotsky lo dejó dicho hace cien años con otras palabras: lo que un niño puede hacer hoy con ayuda, mañana lo hará solo. La regulación emocional funciona exactamente igual.

Para ello, he ido desarrollando durante los últimos años prácticas de atención plena que introduzco en mis clases y este año, que me estreno de tutor todo el curso a tiempo completo, creo que será un año muy interesante.

Te dejo varias herramientas que he creado:

- breath.edumind.es que es mi GeoBreath, una respiración geométrica
- board.edumind.es que es la pizarra digital que he diseñado y que incorpora una rutina de atención plena

Por último un recurso que me hace sentir orgulloso. Es un recurso que he creado usando ia para poder sintetizar todo el conocimientoa dquirido en los últimos años en mis clases como profe de yoga tibetano y meditación, en mi máster en Barcelona en Blanquerna; y unido al conoicmiento adquirido en neuroeducación. Espero que te sirva 😄