38/365 · Cómo diseñar criterios evaluables en 10 minutos


Por Luis Vilela Acuña

Hoy toca hablar de algo que te quita más tiempo del que debería: diseñar criterios de evaluación que realmente funcionen.

No criterios copiados del currículo. No frases genéricas que podrían aplicarse a cualquier actividad. Criterios concretos, alineados con lo que vas a observar y coherentes con la competencia que dices trabajar.

Domingo Blázquez y Sebastiani Obrador lo explicaron bien en su momento: evaluar es observar una situación concreta donde el alumnado demuestra algo. Si no defines esa situación primero, los criterios flotan en el aire.

La clave está en invertir el orden. No empieces por los criterios. Empieza por la situación evaluable.

Qué es una situación de evaluación

Una situación de evaluación es el momento concreto donde el alumno hace algo observable que te permite valorar si ha aprendido.

No es "sabe resolver problemas matemáticos". Eso es vago. Es "resuelve un problema de proporcionalidad en contexto real, explicando su razonamiento por escrito".

No es "comprende textos escritos". Es "identifica la tesis y los argumentos principales de un artículo de opinión y los relaciona con su postura personal".

Dicho de otra forma: sin situación concreta, no hay nada que evaluar. Solo intenciones.

Los tres elementos que deben alinearse

Blázquez y Sebastiani proponen alinear tres piezas antes de escribir un solo criterio:

1. Competencia específica o clave (qué capacidad trabajas)
2. Situación de evaluación (qué hace el alumno para demostrarla)
3. Criterio evaluable (qué observas para valorar si lo logra)

Si falta alguna pieza o están desconectadas, el criterio será ruido pedagógico.

Ejemplo real:

  • Competencia: Comunicar ideas de forma estructurada.
  • Situación: Graba un vídeo de 2 minutos explicando cómo funciona una app que ha diseñado.
  • Criterio: Estructura la explicación con introducción, desarrollo y cierre. Usa vocabulario técnico adecuado al contexto.

Todo conecta. Todo es observable.

El proceso de 10 minutos (de verdad)

Minuto 1-3: Define la situación

Escribe en una frase qué va a hacer el alumnado. Acción concreta, contexto real, producto final claro.

Ejemplo: "Diseña una secuencia de tres ejercicios de movilidad para una persona con dolor lumbar, grabando cada uno y explicando su propósito".

Minuto 4-6: Identifica la competencia

¿Qué capacidad se pone en juego? No hace falta buscar el descriptor oficial completo. Escribe la idea en tu lenguaje.

Ejemplo: "Adaptar propuestas de movimiento a necesidades individuales".

Minuto 7-10: Escribe los criterios observables

Tres como máximo. Uno por cada aspecto no negociable.

  • Selecciona ejercicios adecuados al contexto (lanzamientos, recepciones... o en el aula: evolución de las entregas, mejora o capacidad de explicación relacionada con el nivel mostrado).
  • Explica el propósito de cada ejercicio con claridad.
  • Demuestra correctamente la ejecución técnica.

Listo. Tres criterios concretos, observables y alineados con la situación y la competencia.

Por qué funciona este orden

Porque parte de lo real. No de lo ideal.

Cuando empiezas por la situación, defines primero qué va a pasar en el aula. Eso obliga a concretar. Después, los criterios son solo la traducción de esa situación a aspectos observables.

El problema habitual es empezar al revés: redactar criterios antes de saber qué vas a pedir. Resultado: criterios genéricos que no encajan con ninguna actividad concreta.

Cuando lo pruebas con alumnado real, la diferencia es brutal. Ellos entienden qué se espera, tú sabes qué observar y la evaluación deja de ser interpretación.

El riesgo: confundir criterio con indicador

Un criterio no es un checklist.

No es "entrega en formato PDF". Eso es un indicador operativo, útil para organizar, pero no evalúa aprendizaje.

Un criterio evalúa desempeño competencial: "Argumenta su postura usando al menos dos fuentes contrastadas". Esto sí es evaluable y vinculado a competencia.

La diferencia fundamental es que el criterio mide capacidad. El indicador mide cumplimiento formal. Ambos tienen su lugar, pero no los confundas.

Tres errores comunes (y cómo evitarlos)

Error 1: Criterios copiados del currículo sin adaptar

Solución: Reescribe el criterio oficial en lenguaje de tu aula. Debe ser comprensible para el alumnado sin diccionario pedagógico.

Error 2: Criterios sin situación asociada

Solución: Si no puedes decir "esto se observa cuando el alumno hace X", el criterio no sirve. Vuelve a la situación.

Error 3: Demasiados criterios para una actividad

Solución: Tres criterios máximos. Si necesitas más, probablemente estés evaluando dos cosas distintas en la misma actividad.

Resumen

  • Define primero la situación evaluable, después los criterios.
  • Alinea competencia, situación y criterio en ese orden.
  • Tres criterios máximos, observables y vinculados a capacidades reales.
  • Criterio no es checklist: mide desempeño, no formato.
  • Si no puedes observarlo en la situación que has diseñado, no es un criterio evaluable.

Nos vemos en el día 39/365

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