9/365 · Fase 1: Cuando algo funciona de verdad

En el día anterior hablamos de la mentalidad del principiante, de ese salto mental que te permite empezar. Hoy entramos en la Fase 1, donde ocurre algo mágico: después de muchas iteraciones, consigues algo que funciona de verdad.

El primer salto

Hay un momento en el proceso de Vibe Coding que lo cambia todo. Es cuando pasas de tener fragmentos de código que no entiendes a tener una aplicación que hace lo que querías que hiciera.

Puede ser tosca. Puede tener fallos. Puede romperse si la miras mal. Pero funciona. Y eso, para alguien que nunca había programado, es enorme.

En mi caso, ese momento llegó con dos proyectos que hoy son la raíz del ecosistema EDUmind: Liga y Motion.

Liga: gamificar sin complicar

Liga nació de una necesidad muy concreta. Llevaba años trabajando con metodologías de aprendizaje cooperativo y quería una forma de registrar puntuaciones de equipo sin depender de hojas de papel o Excel interminables.

La idea era sencilla: una aplicación donde pudiera crear ligas, asignar equipos y registrar puntos después de cada actividad. Quería que el alumnado pudiera ver la clasificación en tiempo real, que sirviera como elemento motivador sin convertirse en una competición feroz.

Las primeras versiones eran muy básicas. Una página para crear la liga, otra para añadir equipos, otra para sumar puntos. Sin diseño, sin florituras, sin nada que no fuera estrictamente necesario.

Pero funcionaba. Y cuando lo usé por primera vez en clase, vi cómo los equipos se organizaban mejor, cómo la visualización de los puntos generaba conversaciones sobre colaboración, cómo algo tan simple cambiaba la dinámica del aula.

Hoy Liga ha evolucionado mucho. Tiene una estética cuidada, gestión de temporadas, historial de partidas, exportación de datos. Pero todo empezó con aquella versión rudimentaria que apenas hacía tres cosas.

Motion: capturar el movimiento

Motion surgió de otra frustración. Quería trabajar stop motion con mi alumnado, pero las aplicaciones disponibles o eran de pago, o requerían instalación, o no funcionaban bien en los dispositivos del centro.

¿Y si pudiera crear algo que funcionara directamente en el navegador? Sin instalar nada, sin crear cuentas, sin complicaciones.

La primera versión de Motion era casi un experimento. Capturaba frames desde la cámara del dispositivo, los mostraba en secuencia y permitía exportar el resultado como vídeo. Nada más.

Recuerdo la primera vez que un alumno creó una pequeña animación con plastilina usando Motion. Diez segundos de vídeo que le habían llevado media hora de trabajo. La sonrisa en su cara valía más que cualquier funcionalidad avanzada.

Esa validación en el aula es lo que distingue la Fase 1. No se trata de tener un producto perfecto. Se trata de tener algo que resuelve un problema real para personas reales.

El vocabulario que llega sin buscarlo

En esta fase ocurre algo curioso con el aprendizaje. Empiezas a usar palabras que antes no conocías, pero no porque las hayas estudiado, sino porque las has necesitado.

Flask. Ruta. Template. Endpoint. Request. Response. Base de datos. Query.

Ninguna de estas palabras estaba en mi vocabulario hace un año. Ahora las uso con naturalidad, no porque haya hecho un curso de programación, sino porque en algún momento, para resolver un problema concreto, tuve que entender qué significaban.

Este aprendizaje lateral es una de las características del Vibe Coding. No estudias para luego aplicar. Aplicas, te atascas, preguntas, y el conocimiento llega como efecto secundario de resolver problemas.

El bucle iterativo

En la Fase 1 también se consolida una metodología de trabajo que ya no abandonarás:

  1. Describes lo que necesitas
  2. La IA propone código
  3. Tú pruebas
  4. Algo falla
  5. Describes el error
  6. La IA propone una corrección
  7. Vuelves a probar
  8. Repites hasta que funciona

Este bucle puede parecer tedioso, pero es extraordinariamente efectivo. Cada iteración te acerca un poco más a la solución. Y cada error que resuelves te enseña algo que no sabías.

Con el tiempo, el bucle se acelera. Empiezas a anticipar errores comunes. Aprendes a describir los problemas con más precisión. La IA te entiende mejor porque tú te expresas mejor.

Lo que aprendí de Liga y Motion

Mirando atrás, estos dos proyectos me enseñaron lecciones que aplico a todo lo que he hecho después:

Empieza por el mínimo funcional. No intentes construir la versión perfecta desde el principio. Construye algo que funcione, aunque sea feo, aunque le falten cosas. Ya mejorarás después.

Valida en contexto real. Una aplicación que funciona en tu ordenador puede fallar en el aula. Los dispositivos son diferentes, las conexiones son inestables, el alumnado hace cosas que no habías previsto. Cuanto antes pruebes en contexto real, antes detectas lo que hay que arreglar.

El uso revela las prioridades. Cuando Liga empezó a usarse, quedó claro qué funcionalidades eran esenciales y cuáles eran caprichos. El alumnado no pedía gráficos bonitos, pedía que los puntos se actualizaran rápido. Eso reordena tus prioridades.

La motivación viene del impacto. Lo que me mantuvo iterando no fue el interés por la programación. Fue ver cómo estas herramientas cambiaban algo en el aula. Esa conexión con el propósito original es lo que da energía para seguir cuando todo se complica.

El final de la Fase 1

Sabes que has superado la Fase 1 cuando tienes algo que usas regularmente, que resuelve un problema real, y que ya no es un experimento sino una herramienta de trabajo.

En ese momento, surgen nuevas preguntas. ¿Dónde alojo esto de forma estable? ¿Cómo protejo los datos? ¿Qué pasa si quiero que otros docentes lo usen?

Esas preguntas te llevan a la Fase 2, donde la infraestructura y la ética entran en juego. Pero eso es tema para otro día.


Nos vemos en el día 10/365

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