7/365 · Las fases del Vibe Coding: de la idea al ecosistema

En los últimos días hablamos de qué es el Vibe Coding educativo y del nuevo rol que abre para el docente. Hoy quiero mostrar cómo se desarrolla este proceso en el tiempo. Porque no es algo que ocurra de golpe: hay fases, hay evolución, hay momentos de estancamiento y saltos inesperados.

A lo largo de un año de desarrollo, he identificado cinco fases que describen el camino desde la primera idea hasta un ecosistema consolidado. No son etapas rígidas ni obligatorias, pero ayudan a entender por dónde se pasa.

Fase 0: Génesis

Todo empieza con una necesidad y una pregunta: ¿podría la IA ayudarme a resolver esto?

En mi caso, la necesidad era contar con herramientas de evaluación que respetaran el anonimato del alumnado. Las soluciones comerciales no encajaban: o eran caras, o recogían datos innecesarios, o simplemente no se adaptaban a lo que yo buscaba.

Las primeras conversaciones con ChatGPT fueron exploratorias. No sabía qué vocabulario usar, no entendía la lógica de programación, no tenía claro qué era posible y qué no. Hacía preguntas breves, a veces confusas. La IA respondía con propuestas que yo no sabía evaluar.

Esta fase se caracteriza por la incertidumbre. No produces mucho código todavía, pero empiezas a intuir que hay un camino. Los prototipos son rudimentarios, a veces ni siquiera funcionan. Pero funcionan lo suficiente como para seguir.

Fase 1: Primeras soluciones funcionales

Aquí ocurre el primer salto. Después de varias iteraciones, consigues algo que funciona de verdad. Puede ser tosco, puede tener fallos, pero resuelve el problema que querías resolver.

En mi caso, fue una versión inicial de Quiz Educativo: una aplicación que permitía al alumnado responder preguntas usando códigos anónimos. Nada sofisticado, pero útil.

En esta fase empiezas a adquirir vocabulario técnico. Ya sabes qué es Flask, qué es una ruta, qué es un template. No porque lo hayas estudiado en un curso, sino porque lo has necesitado para avanzar. El aprendizaje es lateral, casi accidental.

También empiezas a entender el ciclo de trabajo: describes lo que necesitas, la IA propone código, tú pruebas, encuentras errores, vuelves a la IA, corriges, vuelves a probar. Este bucle iterativo se convierte en tu metodología.

Fase 2: Infraestructura y ética

Llega un momento en que las apps ya no pueden vivir en entornos de prueba. Necesitan un hogar estable: un servidor propio, un dominio, certificados de seguridad.

Esta fase es técnicamente la más intensa. En mi experiencia, concentró más del sesenta por ciento de todas las conversaciones con la IA. Configurar un servidor, instalar Nginx y Gunicorn, gestionar certificados HTTPS, implementar firewalls, proteger rutas con tokens... todo esto requiere muchas iteraciones, muchos errores, mucha paciencia.

Pero también es la fase donde cristaliza la dimensión ética del proyecto. Cuando controlas la infraestructura, puedes tomar decisiones reales sobre privacidad. Puedes decidir no recoger datos personales. Puedes implementar anonimización desde el diseño. Puedes garantizar que la información del alumnado no sale de tu servidor.

En esta fase, las apps dejan de ser experimentos y empiezan a ser herramientas profesionales.

Fase 3: Validación

Una cosa es que algo funcione en tu ordenador. Otra muy distinta es que funcione con alumnado real, en horario lectivo, con todas las variables imprevistas que eso implica.

La fase de validación consiste en poner las apps a prueba en contexto real. Observar cómo las usa el alumnado. Detectar fricciones, confusiones, errores que no habías anticipado. Recoger feedback de otros docentes que las prueban.

Las conversaciones con la IA en esta fase son distintas. Ya no se trata de construir desde cero, sino de ajustar, pulir, resolver problemas específicos. Las preguntas son más largas porque los problemas son más complejos. Las respuestas también lo son.

Esta fase requiere humildad. Por muy bien que creas que está diseñada tu app, el contacto con la realidad siempre revela aspectos que no habías considerado.

Fase 4: Identidad y proyección

La última fase no es técnica, es narrativa. Tiene que ver con la coherencia del conjunto y con cómo lo comunicas al mundo.

Cuando tienes varias apps funcionando, surge la pregunta: ¿qué las une? ¿Comparten estética? ¿Comparten valores? ¿Forman un todo reconocible?

En mi caso, esta fase supuso definir la identidad visual de Los Mundos Edufis: paleta de colores, tipografías, iconografía, tono de comunicación. También implicó decisiones legales: registro de propiedad intelectual, elección de licencias Creative Commons, protección de marca.

El porcentaje de código en esta fase baja drásticamente. Lo que aumenta es la reflexión estratégica: ¿hacia dónde quiero llevar esto? ¿Cómo puedo compartirlo? ¿Qué estructura necesita para ser sostenible?

El camino no es lineal

Aunque presento estas fases de forma secuencial, la realidad es más desordenada. A veces vuelves a fases anteriores porque necesitas reconstruir algo. A veces saltas hacia adelante porque una urgencia te obliga. A veces estás en varias fases a la vez con distintas apps.

Lo importante no es seguir un orden perfecto. Lo importante es reconocer dónde estás y qué tipo de trabajo requiere ese momento.

Una transformación silenciosa

Mirando hacia atrás, lo que más me sorprende no son las apps que he construido. Es cómo ha cambiado mi forma de pensar.

Hace un año no sabía qué era un servidor. No entendía qué significaba desplegar una aplicación. No tenía ni idea de cómo funcionaba la autenticación por tokens.

Hoy sigo sin ser programador. Pero puedo mantener una conversación técnica con la IA, entender sus propuestas, evaluar alternativas, tomar decisiones informadas. Ese aprendizaje emergente, lateral, no planificado, es quizás el resultado más valioso de todo el proceso.

El Vibe Coding educativo no solo produce herramientas. Transforma a quien las crea.


Nos vemos en el día 8/365

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