6/365 · El docente como diseñador-desarrollador

Ayer definíamos el Vibe Coding educativo como un proceso donde la necesidad pedagógica guía la creación técnica. Hoy quiero profundizar en lo que esto implica para nuestro rol profesional.

De consumidores a creadores

Durante mucho tiempo, la relación del profesorado con la tecnología educativa ha sido pasiva. Las administraciones contratan plataformas, las empresas EdTech diseñan soluciones genéricas, y nosotros nos limitamos a usar lo que nos llega. A veces encaja con lo que necesitamos. Muchas veces, no.

Este modelo tiene ventajas evidentes: es rápido, no requiere conocimientos técnicos, alguien se encarga del mantenimiento. Pero también tiene costes ocultos: dependencia de proveedores externos, falta de personalización, escaso control sobre los datos del alumnado, y algo más sutil pero igual de importante: la erosión de nuestra agencia profesional.

Cuando usas herramientas diseñadas por otros, te adaptas a su lógica. Cuando diseñas las tuyas, la herramienta se adapta a ti.

La enseñanza como ciencia del diseño

Esta idea no es nueva. Diana Laurillard, investigadora del University College London, lleva años defendiendo que la enseñanza debería entenderse como una ciencia del diseño, comparable a la arquitectura o la ingeniería. Los docentes, argumenta, no solo transmitimos contenidos: diseñamos experiencias de aprendizaje, secuencias didácticas, sistemas de evaluación. Tomamos decisiones creativas constantemente.

El problema es que esas decisiones rara vez trascienden el aula. Laurillard lo expresa con claridad: aunque los docentes diseñan y prueban nuevas formas de enseñanza cada día, sus descubrimientos suelen permanecer locales, sin mecanismos efectivos para compartirlos o construir conocimiento profesional colectivo.

El Vibe Coding educativo puede cambiar eso (hablé de ello en Medium hace un tiempo). Cuando tu diseño pedagógico se convierte en una aplicación funcional, deja de ser invisible. Puede documentarse, compartirse, mejorarse por otros.

Lo que Steve Jobs entendió sobre el diseño

Hay una idea de Steve Jobs que me resulta muy útil para explicar este enfoque. Jobs insistía en que el diseño no es solo cómo se ve algo, sino cómo funciona. Para él, diseñar significaba pensar en la experiencia completa del usuario, desde el momento en que abre la caja hasta cada interacción cotidiana con el producto.

En Apple, esto se tradujo en un control casi obsesivo sobre todos los elementos del ecosistema: hardware, software, servicios, hasta las tiendas físicas. Jobs creía que la única forma de ofrecer una experiencia realmente coherente era responsabilizarse de cada detalle.

Esta filosofía tiene una aplicación directa en educación. Cuando diseñamos nuestras propias herramientas, podemos pensar en la experiencia completa: cómo accede el alumnado, qué ve en pantalla, qué datos se recogen, cómo se sienten al usarla. No dependemos de decisiones tomadas por equipos que desconocen nuestro contexto.

Jobs también decía que hay que empezar por la experiencia del usuario y trabajar hacia atrás hasta llegar a la tecnología, no al revés. En Vibe Coding educativo hacemos exactamente eso: partimos de lo que necesita el alumnado y desde ahí construimos la solución técnica.

Tres niveles de implicación

No todos los docentes que usan Vibe Coding llegan al mismo punto. A lo largo de este año he identificado tres niveles de implicación:

Nivel 1: Usuario-solicitante. Describes lo que necesitas y la IA te genera algo funcional. Lo usas tal cual o con ajustes mínimos. Es el punto de entrada, perfectamente válido.

Nivel 2: Co-diseñador. Participas activamente en las decisiones de interfaz, flujo de uso, experiencia del usuario. Iteras con la IA hasta que el resultado encaja con tu visión pedagógica.

Nivel 3: Co-desarrollador. Tomas decisiones de infraestructura: dónde se aloja, cómo se protege, qué sistemas de seguridad implementas. Mantienes y actualizas el código a lo largo del tiempo.

El tránsito entre niveles no es lineal ni obligatorio. Puedes quedarte en el nivel que te resulte cómodo. Pero es útil saber que el recorrido existe, porque a veces las necesidades te empujan hacia adelante.

De la dependencia a la autonomía

Hay algo liberador en poder crear tus propias herramientas. No es solo una cuestión práctica, es también una cuestión de identidad profesional.

Cuando dependes de plataformas externas, tu práctica está condicionada por decisiones comerciales ajenas. Cuando creas las tuyas, recuperas un espacio de autonomía. Puedes adaptar, modificar, abandonar o reinventar según lo que observe en el aula.

Esto no significa que debamos rechazar todas las herramientas comerciales. Significa que ahora tenemos una alternativa real. Y tener alternativas siempre amplía nuestra capacidad de decisión.

El ecosistema como visión

Volviendo a Jobs: una de sus grandes aportaciones fue pensar en términos de ecosistema, no de productos aislados. El iPhone no era solo un teléfono, era una pieza de un sistema más amplio que incluía iTunes, la App Store, iCloud, el Mac.

En educación podemos aplicar la misma lógica. Una app suelta resuelve un problema puntual. Un ecosistema de apps interconectadas, con coherencia visual y ética compartida, transforma la experiencia de aprendizaje.

Eso es lo que intenté construir con Los Mundos Edufis: no aplicaciones aisladas, sino un entorno coherente donde cada herramienta dialoga con las demás, comparte principios de diseño, respeta los mismos criterios éticos.

No hace falta ser Apple para pensar así. Solo hace falta tener una visión y la paciencia para construirla paso a paso.


Nos vemos en el día 7/365

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