46/365 · Proyectos interdisciplinares: empezar pequeño para llegar lejos

Hoy toca hablar de algo que genera dos reacciones extremas: o entusiasmo desbordante o parálisis absoluta. Los proyectos interdisciplinares suenan genial en teoría, pero en la práctica muchos docentes sienten que no tienen tiempo, recursos o coordinación para lanzarse. Y aquí está el error: pensamos que un proyecto debe ser épico desde el primer día.

La clave está en lo contrario. Los mejores proyectos interdisciplinares no nacen grandes. Nacen pequeños, controlados, testables. Y crecen cuando funcionan.

Qué es empezar pequeño (de verdad)

Empezar pequeño no significa "hacer algo cutre". Significa diseñar con fricción mínima y objetivo claro. Un proyecto interdisciplinar pequeño puede ser:

  • Dos asignaturas, no cinco.
  • Una sesión compartida, no un trimestre entero.
  • Un producto concreto: un cartel, un vídeo de 60 segundos (por ejemplo, un stopmotion uniendo plástica y lenguas), una infografía.
  • Una rúbrica común con 3-4 criterios, no 20.

Cuando reduces la escala, reduces el riesgo. Y cuando reduces el riesgo, aumentas la probabilidad de repetir. La sostenibilidad manda.

Por qué importa en educación

Los estudios sobre aprendizaje basado en proyectos (Barron & Darling-Hammond, 2008; Krajcik & Shin, 2014) coinciden en algo: la interdisciplinariedad genera aprendizaje más profundo cuando hay coherencia interna. Pero esa coherencia no nace de sumar asignaturas. Nace de identificar un problema auténtico que necesita más de una mirada.

En educación, esto no es negociable: si el alumnado no ve la conexión real entre las materias, percibe el proyecto como "más trabajo disfrazado". Y pierdes la motivación antes de empezar.

Además, trabajar con menores significa que la estructura es andamiaje, no jaula. Un proyecto pequeño permite iterar, corregir sobre la marcha, y aprender también como equipo docente. Cuando lo pruebas con alumnado real, cambia todo.

El riesgo: querer abarcar demasiado

El error clásico es diseñar un "megaproyecto" que involucre a medio claustro, con calendario épico, presentación ante familias, y evaluación compartida compleja. Y luego:

  • Un docente se pone de baja.
  • Otra asignatura va retrasada.
  • El alumnado no entiende qué se evalúa en cada materia.
  • El equipo docente acaba agotado y no repite.

Esto no es menor. La complejidad organizativa mata más proyectos que la falta de ideas. Si empiezas grande y falla, el coste emocional y logístico es tan alto que nadie quiere volver a intentarlo.

La alternativa: iterar en pequeño

La diferencia fundamental es cambiar el enfoque: de "el proyecto perfecto" a "el proyecto que podemos repetir y mejorar".

Pasos prácticos:

  • Elige un compañero/a de otra materia con quien tengas buena comunicación.
  • Identifica una conexión natural entre vuestros contenidos (no fuerces)
  • Define un producto mínimo viable: algo que se pueda hacer en 1-2 sesiones
  • Usa una rúbrica compartida simple: 3 criterios, lenguaje claro, pesos definidos
  • Documenta qué funciona y qué no. Esa es tu base para crecer.

Si quieres profundizar en cómo integrar competencias clave con base científica, tengo una propuesta completa en este recurso sobre creación de proyectos competenciales. Ahí encontrarás marcos teóricos (como el DeSeCo de la OCDE) y metodologías contrastadas.

Resumen

  • Empezar pequeño no es empezar mal. Es empezar sostenible.
  • La interdisciplinariedad funciona cuando hay coherencia real, no suma forzada de materias.
  • Un proyecto de 2 sesiones bien diseñado genera más aprendizaje que uno de 3 meses mal coordinado.
  • El control está en iterar: prueba, ajusta, repite, escala.

Nos vemos en el día 47/365

Read more