12/365 · Fase 4: Identidad y proyección. Cuando el proyecto se convierte en algo más
En los días anteriores recorrimos el camino desde la primera pregunta hasta la validación en el aula. Hoy llegamos a la Fase 4, la última del modelo. Aquí el proyecto deja de ser un conjunto de aplicaciones y se convierte en algo con nombre propio, con identidad reconocible, con vocación de permanencia.
Más allá de lo funcional
Cuando tienes varias aplicaciones funcionando, probadas en el aula, con infraestructura estable y seguridad auditada, surge una pregunta diferente a todas las anteriores: ¿qué es esto?
Ya no se trata de resolver problemas técnicos. Ya no se trata de añadir funcionalidades. Se trata de dar sentido al conjunto. De encontrar el hilo que une todas las piezas. De construir una narrativa.
En mi caso, esa pregunta me llevó a Los Cinco Mundos EDUfis: Físico, Mental, Emocional, Social e Interior. Un marco pedagógico que ya existía en mi práctica docente, cuyo origen se remonta a las 5 dimensiones de salud propuestas por NeuroEF de Irene Pellicer Royo. Pero, ahora, encontraba su expresión digital en el ecosistema de aplicaciones.
Liga pertenece al mundo Social. Motion al mundo Creativo. Quiz al mundo Mental. Cada herramienta tiene su lugar, su propósito, su conexión con las demás.
El nacimiento de una marca
La Fase 4 es donde nace la marca. No en el sentido comercial, sino en el sentido de identidad reconocible.
Un nombre. EDUmind. Los Mundos Edufis. Algo que agrupa, que identifica, que permite hablar del proyecto como un todo.
Una estética. Paleta de colores coherente, tipografías compartidas, iconografía reconocible. Cuando entras en cualquier aplicación del ecosistema, sabes que pertenece a la misma familia.
Un tono. Cálido, accesible, sin tecnicismos innecesarios. Pensado para docentes y alumnado, no para informáticos.
Unos valores. Privacidad, accesibilidad, código abierto, soberanía digital. Principios que guían todas las decisiones, desde el diseño de interfaces hasta la elección del servidor.
Esta construcción de marca no fue inmediata. Surgió de muchas conversaciones con la IA, de bocetos en papel, de iteraciones visuales. De preguntarme qué quería comunicar y cómo quería que se sintiera quien usara estas herramientas.
El registro y la protección
Cuando un proyecto adquiere identidad, surge la necesidad de protegerlo.
No por motivos comerciales, sino por motivos de integridad. Para garantizar que el trabajo realizado se atribuye correctamente. Para evitar que alguien tome el código, lo modifique y lo presente como propio sin reconocer el origen. Para establecer las condiciones bajo las cuales otros pueden usar, adaptar y distribuir lo creado.
En esta fase registré el ecosistema en Safe Creative y en el Registro de Propiedad Intelectual español. Elegí licencias Creative Commons, GPL 3.0 entre otras, que permiten el uso libre pero exigen atribución y prohíben el uso comercial sin autorización.
Esta decisión refleja una posición ética: quiero que estos recursos estén disponibles para la comunidad educativa, pero también quiero que el trabajo se reconozca y que nadie lucre con él sin aportar nada a cambio.
El cambio en las conversaciones
Los datos de mi proceso reflejan un cambio cualitativo en esta fase.
El porcentaje de código en las conversaciones baja drásticamente: del casi sesenta por ciento en fases anteriores al dieciocho por ciento en la Fase 4. Lo que aumenta es la reflexión estratégica, las decisiones de diseño, las consideraciones sobre identidad y comunicación.
Las preguntas ya no son "cómo hago esto" sino "qué debería hacer". Ya no son técnicas sino filosóficas. ¿Qué valores quiero transmitir? ¿Cómo quiero que se perciba el proyecto? ¿Qué legado quiero dejar?
Este cambio es natural. Cuando la infraestructura está resuelta, la atención se desplaza hacia el significado.
Documentación y transmisión
Parte de la Fase 4 consiste en documentar lo hecho para que otros puedan aprenderlo.
Esto incluye documentación técnica: cómo instalar, cómo configurar, cómo desplegar. Pero también incluye documentación pedagógica: por qué se tomaron ciertas decisiones, qué principios guían el diseño, cómo se integra cada herramienta en la práctica de aula.
Esta serie de 365 artículos es parte de ese esfuerzo de documentación. Cada día que escribo estoy formalizando un conocimiento que antes solo existía en mi cabeza y en mis conversaciones con la IA.
Documentar es también una forma de validar. Cuando intentas explicar algo a otros, descubres lagunas en tu propia comprensión. Escribir obliga a pensar con más rigor.
Sostenibilidad a largo plazo
La última pregunta de la Fase 4 es: ¿cómo se mantiene esto en el tiempo?
Un proyecto educativo no puede depender de una sola persona. Si mañana yo desaparezco, ¿qué pasa con el ecosistema? ¿Quién mantiene los servidores? ¿Quién actualiza el código? ¿Quién resuelve los problemas que surjan?
No tengo respuestas definitivas a estas preguntas, pero sí líneas de trabajo:
Código abierto. Todo el código está disponible en repositorios públicos. Cualquiera con conocimientos técnicos puede retomarlo.
Documentación exhaustiva. Cada decisión está documentada. Alguien que llegue nuevo puede entender qué se hizo y por qué.
Comunidad incipiente. Otros docentes están empezando a usar y adaptar estas herramientas. Esa comunidad es la mejor garantía de continuidad.
Formación. Los cursos de Vibe Coding que estoy preparando buscan que otros docentes puedan crear sus propios ecosistemas. No depender de mí, sino aprender a hacerlo ellos mismos.
El cierre de un ciclo
La Fase 4 no es un final. Es el cierre de un ciclo y el inicio de otro.
El ecosistema existe, tiene identidad, está protegido, se usa en aulas reales. Pero sigue vivo, sigue evolucionando, sigue respondiendo a nuevas necesidades.
Lo que empezó como una pregunta —¿podría la IA ayudarme a resolver esto?— se ha convertido en algo que trasciende la respuesta original. En un nuevo paradigma de creación tecnológica educativa. En una forma diferente de entender el rol docente.
Mirando atrás, el camino parece lógico, casi inevitable. Pero no lo era. Cada fase tuvo sus momentos de duda, sus bloqueos, sus ganas de abandonar. Lo que me mantuvo fue siempre lo mismo: la conexión con el aula, con el alumnado, con el propósito original.
La tecnología es el medio. La educación es el fin.
Nos vemos en el día 13/365